Conclusión

 

 

Habéis profundizado en un tema poco usual. Los libros de texto no suelen ir más allá de los datos estadísticos y de una pequeña reseña sobre los campos de exterminio y los guetos. Os habéis enfrentado a lo que muchos historiadores, filósofos y escritores han considerado como el punto de no retorno de la historia de la humanidad; recordad la frase de Primo Levi en la introducción, ha sido el mayor crimen de la humanidad.

 

Habéis trabajado sobre la naturaleza del régimen hitleriano. Las diferencias con los sistemas democráticos.

 

Habéis reflexionado sobre el significado de los campos de concentración, los guetos, sobre la maquinaria administrativa y los recursos humanos, técnicos y económicos al servicio del estado para exterminar a millones de personas inocentes, cuya única condición o culpabilidad era la de ser judío o judía.

 

Pero el sistema concentracionario cuestiona los cimientos últimos de nuestra civilización. Las ideas de libertad, progreso, igualdad, solidaridad, valores heredados de la Ilustración, se quebraron con el nazismo y la actitud cobarde de las democracias occidentales, cuyos dirigentes pensaron que para aplacar a la bestia era suficiente con sacrificar a miles de personas. Esa fue su responsabilidad.

 

Pensad en la anexión de Austria, los Sudetes o la Noche de los Cristales Rotos. Pensad en dónde estaban las cancillerías europeas cuando esto ocurría. Abandonar a miles de personas a un destino cierto y estremecedor, la muerte, para mantener la precaria paz en los años treinta, es la gran responsabilidad de los dirigentes democráticos del entonces. A nosotros, nos queda no volver a cometer los mismos errores. De ahí, la necesidad de reflexionar sobre quiénes son hoy las víctimas.

 

 

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